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MISIÓN CRISTO RESUCITADO

 MISIÓN CRISTO RESUCITADO.

 

         

 

La iglesia se regocija por el excelente trabajo misionero y pastoral de Monseñor Víctor S. Gravini A. La iglesia en pleno se alegra por tan magna labor y le deseamos muchas mas bendiciones y oramos para que el señor lo siga iluminando en su trabajo misionero.

 

 

  

EL PAPA A LA CONFERENCIA DE LOS  OBISPOS  VETEROCATOLICOS DE LA UNIÓN DE UTRECHT: CONSTRUIR PUENTES DE ENTENDIMIENTO RECIPROCO Y DE COOPERACIÓN PRÁCTICA.




 

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Ciudad del Vaticano, 30 octubre 2014(VIS).-''Un viaje espiritual desde el encuentro a la amistad, desde la amistad a la hermandad y desde la hermandad a la comunión''. Es el que católicos y veterocatólicos deben proseguir para alcanzar la unidad de la Iglesia en Cristo, como ha afirmado el Papa Francisco este mañana recibiendo a los miembros de la Conferencia de los Obispos Veterocatólicos de la Unión de Utrecht. cuyo viaje a Roma coincide con el quincuagésimo aniversario de la promulgación del decreto del Concilio Vaticano II sobre el ecumenismo ''Unitatis redintegratio'' que marcó el comienzo de una nueva era para la búsqueda de la unidad de los discípulos de Cristo.

En su discurso el Santo Padre recordó el trabajo desempeñado en estos años por la Comisión Internacional de diálogo católica-veterocatólica, gracias al cual ha sido posible ''construir puentes de entendimiento recíproco y de cooperación práctica... hallar convergencias e individuar divergencias de forma más precisa, situándolas en contextos nuevos''.

''Si, por un lado nos alegramos cada vez que podemos dar un paso adelante hacia una comunión más fuerte de fe y de vida -observó- por otro nos afligimos cuando tomamos conciencia de los nuevos desacuerdos que han surgido entre nosotros a lo largo de los años. Las cuestiones teológicas y eclesiológicas que acompañaron nuestra separación son ahora más difíciles de superar debido a nuestra creciente distancia en los temas concernientes al ministerio y al discernimiento ético. Por tanto, el reto que enfrentan los católicos y los veterocatólicos es perseverar en un diálogo teológico sustancial y el continuar a caminar juntos, a orar juntos y trabajar juntos en un espíritu de conversión más profunda a todo lo que Cristo quiere para su Iglesia. En nuestra separación hubo, por ambas partes grandes pecados y debilidades humanas. En un espíritu de perdón recíproco y de humilde arrepentimiento, ahora necesitamos fortalecer nuestro deseo de reconciliación y de paz. El camino hacia la unidad comienza con una transformación del corazón, con una conversión interior... En el camino, el cambio es inevitable. Siempre debemos estar dispuestos a escuchar y seguir las sugerencias del Espíritu que nos guía a la verdad entera.''

 

''Mientras tanto, en el corazón de Europa, tan confundida acerca de su identidad y de su vocación, hay muchas áreas en las que los católicos y los veterocatólicos pueden colaborar tratando de responder a la profunda crisis espiritual que afecta a los individuos y la sociedad. Hay sed de Dios. Hay un profundo deseo de redescubrir el sentido de la vida. Y hay una necesidad urgente de un testimonio creíble de las verdades y los valores del Evangelio. En esto podemos apoyarnos y animarnos unos a otros, sobre todo en las parroquias y en las comunidades locales. De hecho, el alma del ecumenismo consiste en la "conversión del corazón" y la "santidad de la vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos''. Rezando unos con otros, nuestras diferencias serán asumidas y superadas en la fidelidad al Señor y a su Evangelio''.


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Dar testimonio junto y en modo creíble del Evangelio en una Europa confundida pero sedienta de Dios: es la invitación del Papa Francisco a la delegación de la Conferencia Internacional de los obispos veterocatólicos de la Unión de Utrech, recibida en audiencia esta mañana en el Vaticano.

 

Se trata de una iglesia católica separada de Roma después del Concilio Vaticano I en el 1870, que sancionaba el dogma de la infalibilidad pontificia. El servicio es de nuestro colega Sergio Centofanti. En una Europa tan confundida acerca de la propia identidad y de su propia vocación, afirmó el Papa, hay muchas áreas en las cuales los católicos y veterocatólicos pueden colaborar, intentando responder a la profunda  crisis espiritual que afecta a los individuos y a la sociedad:

 

"Hay sed de Dios. Hay un profundo deseo de redescubrir el sentido de la vida. Y hay una urgente necesidad de un testimonio creíble de las verdades y de los valores del Evangelio. En esto, podemos sostenernos y alentarnos recíprocamente, sobre todo a nivel de parroquias y de comunidades locales. En efecto, el alma del ecumenismo consiste en la 'conversión del corazón' y en la 'santidad de vida junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos'. Orando los unos por los otros, nuestras diferencias serán asumidas y superadas en la fidelidad al Señor y a su Evangelio”.

Francisco ha recordado que a través del trabajo de la Comisión Internacional de Diálogo católica-veterocatólica “ha sido posible construir puentes de entendimiento recíproco y de cooperación práctica. Han sido realizadas convergencias e especificadas, en manera más precisa las diferencias, colocándolas en nuevos contextos”:

“Si por una parte nos alegramos cada vez que podemos cumplir ulteriores pasos hacia una más fuerte comunión entre fe y vida, por otro lado nos entristecemos en el tomar conciencia de los nuevos desacuerdos que han surgido entre nosotros en el curso de los años. Las cuestiones eclesiológicas y teológicas que han  acompañado nuestra separación son ahora más difíciles de superar a causa de nuestra creciente distancia sobre temas concernientes el ministerio y el discernimiento ético".

“El desafío que católicos y veterocatólicos deben afrontar – subrayó – es pues aquel de perseverar en un sustancial diálogo teológico y de continuar a caminar juntos, a rezar juntos y a trabajar juntos en un aún más profundo espíritu de conversión a todo aquello que Cristo quiere para su Iglesia”

“En nuestra separación hubieron, de ambas partes, pecados graves y faltas humanas. En un espíritu de perdón recíproco y de humilde arrepentimiento, necesitamos ahora reforzar nuestro deseo de reconciliación y de paz. El camino hacia la unidad inicia con una transformación del corazón, con una conversión interior (crf Unitatis redintegratio, 4). Es un viaje espiritual desde el encuentro a la amistad, de la amistad a la hermandad, de la hermandad a la comunión. A lo largo del recorrido, el cambio es inevitable. Debemos estar siempre dispuestos a escuchar y a seguir las sugerencias del Espíritu que nos guía a la verdad toda entera (cfr Jn. 16,13)”.

“Soy consciente - concluyó el Papa - del hecho que el ‘santo propósito de reconciliar todos los cristianos en la unidad de la Iglesia de Cristo, una y única, supera las fuerzas y las dotes humanas’. (Unitatis redintegratio, 24). Nuestra esperanza reside en la oración de Cristo mismo por la Iglesia. Adentrémonos entonces aún más profundamente en esta oración, de modo que nuestros esfuerzos sean siempre sostenidos y guiados por la gracia divina”.

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO 
A UNA DELEGACIÓN DE LA CONFERENCIA INTERNACIONAL 
DE OBISPOS VETEROCATÓLICOS DE LA UNIÓN DE UTRECHT

Vuestra Gracia, 
eminencia, 
excelencias:

Dirijo mi cordial saludo a los miembros de la Conferencia de los obispos veterocatólicos de la Unión de Utrecht. Vuestra visita nos ofrece una ocasión proficua para reflexionar sobre nuestro viaje ecuménico común.

 

Este año se celebra el quincuagésimo aniversario de la promulgación del decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio, que inauguró una nueva era de relaciones ecuménicas y de compromiso en la búsqueda de la unidad de los discípulos de Cristo. Para todos nosotros, el trabajo de la Comisión internacional de diálogo católica-veterocatólica desempeña un papel significativo en la búsqueda de una creciente fidelidad a la oración del Señor «que todos sean uno» (Jn 17, 21). Fue posible construir puentes de entendimiento recíproco y de cooperación práctica. Se realizaron acuerdos y detectaron diferencias de manera cada vez más precisas, situándolas en contextos nuevos.

 

Si, por una parte, nos alegramos cada vez que podemos realizar ulteriores pasos hacia una comunión más firme de fe y de vida, por otra, nos entristecemos al tomar conciencia de los nuevos desacuerdos que surgieron entre nosotros en el curso de los años. Las cuestiones eclesiológicas y teológicas que acompañaron nuestra separación son ahora más difíciles de superar por causa de nuestra creciente distancia sobre temas concernientes al ministerio y al discernimiento ético. El desafío que católicos y veterocatólicos tienen que afrontar es, por consiguiente, el de perseverar en un diálogo teológico sustancial y continuar caminando juntos, rezando juntos y trabajando juntos con un espíritu más profundo de conversión a todo lo que Cristo quiere para su Iglesia. En nuestra separación existieron, por ambas partes, pecados graves y debilidades humanas. Con un espíritu de mutuo perdón y de humilde arrepentimiento, ahora necesitamos fortalecer nuestro deseo de reconciliación y de paz. El camino hacia la unidad inicia con una conversión del corazón, con una conversión interior (cf. Unitatis redintegratio, 4). Es un viaje espiritual desde el encuentro a la amistad, de la amistad a la fraternidad, de la fraternidad a la comunión. A lo largo del recorrido, el cambio es inevitable. Tenemos que estar siempre dispuestos a escuchar y seguir las sugerencias del Espíritu que nos guía hacia la verdad plena (cf. Jn 16, 13).

 

Mientras tanto, en el corazón de Europa, tan confundida acerca de su identidad y su vocación, existen muchas zonas en las que católicos y veterocatólicos pueden colaborar, tratando de responder a la profunda crisis espiritual que afecta a los individuos y a la sociedad. Hay sed de Dios. Hay un profundo deseo de redescubrir el sentido de la vida. Y hay una urgente necesidad de dar un testimonio creíble de las verdades y de los valores del Evangelio. En esto podemos apoyarnos y alentarnos mutuamente, sobre todo a nivel de parroquias y de comunidades locales. En efecto, el alma del ecumenismo consiste en la «conversión del corazón» y en la «santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos» (Unitatis redintegratio, 8). Orando unos por otros y unos con otros, nuestras diferencias serán aceptadas y superadas en la fidelidad al Señor y a su Evangelio.

 

Soy consciente del hecho que el «santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana» (Ibid., 24). Nuestra esperanza reside en la oración de Cristo mismo por la Iglesia. Adentrémonos entonces aún más profundamente en esta oración, de modo que nuestros esfuerzos estén siempre sostenidos y guiados por la gracia divina.

 

 

¿QUÉ SON LOS VIRI PROBATI DE LOS QUE HABLA EL PAPA FRANCISCO?

 

El papa Franciso dijo que anular el requisito de celibato no es una solución para aumentar la vocación sacerdotal pero que está abierto a que los viri probati asuman tareas sacerdotales. Es una propuesta de la que se habla desde hace años, pero que no ha sido profundizada. 


La expresión retoma unas palabras de la Carta del siglo I de un discípulo de los apóstoles, San Clemente en la que explica cómo ordenaron a sus sucesores. 

"Y así, predicando por campos y ciudades, por todas partes, designaron a las primicias (de sus trabajos), una vez hubieron sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran”. 

Durante el Concilio Vaticano II algunos hablaron de los "viri probati”, pero entonces la hipótesis se descartó.

Consiste en que, en situaciones de extrema falta de sacerdotes, sean ordenadas personas casadas con "probada” fidelidad a la Iglesia católica. 

Actualmente lo solicitan dos obispos brasileños (Jaime Vieira Rocha, Erwin Kräutler) para grandes zonas de la Amazonia, donde las comunidades viven años sin Eucaristía.

Para entender la respuesta del Papa hay que comprender a qué se refería. 

En la entrevista a Die Zeit, cuando preguntan sobre la crisis de vocaciones responde que "el celibato opcional no es la solución a la falta de vocaciones”. 

El periodista le pregunta si la ordenación de "viri probati” es un modo de resolverlo. El Papa responde así: 

"Debemos pensar si los "viri probati” son una posibilidad (((que resuelva el problema ndR))). Pero también debemos decidir qué tipo de funciones confiarles, por ejemplo en comunidades aisladas”. 

Luego explica que no hay que tener miedo a la verdad y a replantearse las cosas, porque la verdad hace libres. 

Efectivamente, en los primeros siglos del cristianismo había sacerdotes casados, pero desde el siglo IV se consolidó en Occidente la praxis de que vivieran el celibato.

La respuesta del Papa consiste en no tener miedo a cuestionarse los problemas, pero también, en no buscar soluciones precipitadas que quizá no los resuelvan. 



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OCTUBRE 13-16 DEL 2017 

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TEMA.

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